Saber Narrar en Literatura
Eugenia
Rico
Hay muchas
maneras de matar a un hombre pero una de las más terribles es no dejar dormir. Se
muere no porque no pueda descansar sino porque no puede soñar.
Nuestra
mente no puede soportar la realidad sin los sueños, necesitamos artistas que
sueñen el sueño de los pueblos.
Un cuento
es el único lugar donde dos personas que no se conocen, que jamás se han visto,
pueden encontrarse en la más pavorosa intimidad: el autor y el lector.
Cualquier
autor no escribe para vivir, sino para sobrevivir. La buena literatura da miedo
al que escribe como al que la lee.
En
nuestros días la inspiración se ha desprestigiado en beneficio de la
transpiración y de modo totalmente injusto. Lo que todo el mundo busca es
entrar en fase alpha, ponerse en
contacto con el inconsciente colectivo, encontrar la gran historia, la página
perfecta o el texto total. Cuando el escritor no escribe es porque el escritor
no lee, si no tienes tiempo para leer, nunca tendrás tiempo para ser escrito. Aprenderás
de los libros buenos y a menudo aprenderás mucho más de los libros malos.
Si te
gusta un libro has al menos dos lecturas: la primera disfrutándola, la segunda
estudiando la forma en la que está construido. Todo buen escritor empieza por
ser un gran lector. Porque acabas de descubrir que quizá no todos entraremos en
la historia de la literatura, pero todos tenemos algo que decir y tú también.
Aristóteles
sitúa la imitación el origen de la poesía y de todos los géneros literarios.
Los recursos esenciales para la imitación y la ejecución son el ritmo y la
armonía, connaturales al hombre.
Las
principales imitaciones son la epopeya, la poesía trágica, la comedia, la
poesía ditirámbica, la aulódica y la citiródica.
La voz es
como una música y cada escritor debe encontrar la suya a través de kilómetros y
Kilómetros de palabras leída y palabras escritas. El punto de vista del
narrador puede ser estudiado con objetividad. La variedad de punto de vista
puede enriquecer la historia pero corre el riesgo de marearnos y hacernos
perder a verosimilitud.
La teoría del correlato de objetivo de T. S. Eliot
explica bastante bien la esencia del arte de escribir. Todos los grandes
escritores y muchos de los malos escritores han usado el correlato objetivo
como medio de trasvasar la emoción al lenguaje. Ese trasvase de la emoción a la
palabra es lo que llamamos literatura.
La trama de una historia es la línea de tiempo que sigue esa misma. Se compone de cinco
diferentes partes que listadas de manera cronológica son: los antecedentes, los
incidentes (las complicaciones), el desarrollo de la acción, el clímax (la
culminación) y el término de la acción cada una de ellas se explica a
continuación.
Es fácil confundir la trama y la acción. La acción
es una parte de la trama; el orden de la acción, desde un punto de vista
clásico, se divide en tres partes:
Planteamiento; es la presentación de los personajes
y el establecimiento de la acción, nudo; se desarrolla el conflicto en el que
se verán inmersos los personajes y desenlace; es la resolución del conflicto y
el final de los sucesos que se han planteado.
Si quieres ser escritor debes ser capaz de describir lo indescriptible. La descripción
comienza en la cabeza del escritor pero debería terminar en la imaginación del lector,
un buen punto de partida es visualizar lo que vas a describir. Las metáforas y
los símiles son uno de los grandes placeres del lenguaje tanto para el escritor
como para el lector. Se podrían agregar el diálogo que es la mejor manera de
caracterizar a los personajes, también es una de las artes más difíciles de la
narración, los diálogos son el momento de la ficción en que el artificio debe
emplearse para imitar la realidad.
En casos normales un relato puede partir de una
situación o de un personaje; las grandes historias nacen de los grandes
personajes, pero ¿cómo encontrarlos?, ¿cómo crearlos?. El autor debe saberlo
todo del personaje y debe ser lo suficientemente sabio para no contarlo todo.
Comienza con un relato esquemático del personaje
pero dale carne y sangre con los detalles de su pasado, las influencias de su
niñez, la educación satisfactoria o insatisfactoria, los abusos que sufrió de
niño. Cuanta mayor comprensión tengas de tu personaje, mayor simpatía generará.
Los dossiers o fichas pueden ayudarnos a la
caracterización de los personajes, a su retrato y a crear situaciones que
nacerán de la naturaleza de cada personaje.
El mero hecho de escribir todos estos detalles será
un estimulo para ponernos a escribir y aumentará nuestro conocimiento de los
personajes. Debemos estar al corriente de la educación y el pasado del
personaje principal, además tiene un conocimiento similar de sus amigos y
parientes aunque no lleguen a participar de la historia. En los libros no existen limitaciones en el tiempo
o en el espacio. Los libros pueden abarcar periodos tan cortos como mil años o
tan lagos como un segundo.