martes, 27 de noviembre de 2012

Saber Narrar en la Literatura


Saber Narrar en Literatura
Eugenia Rico

Hay muchas maneras de matar a un hombre pero una de las más terribles es no dejar dormir. Se muere no porque no pueda descansar sino porque no puede soñar.
Nuestra mente no puede soportar la realidad sin los sueños, necesitamos artistas que sueñen el sueño de los pueblos.

Un cuento es el único lugar donde dos personas que no se conocen, que jamás se han visto, pueden encontrarse en la más pavorosa intimidad: el autor y el lector.
Cualquier autor no escribe para vivir, sino para sobrevivir. La buena literatura da miedo al que escribe como al que la lee.

En nuestros días la inspiración se ha desprestigiado en beneficio de la transpiración y de modo totalmente injusto. Lo que todo el mundo busca es entrar en fase alpha, ponerse en contacto con el inconsciente colectivo, encontrar la gran historia, la página perfecta o el texto total. Cuando el escritor no escribe es porque el escritor no lee, si no tienes tiempo para leer, nunca tendrás tiempo para ser escrito. Aprenderás de los libros buenos y a menudo aprenderás mucho más de los libros malos.
Si te gusta un libro has al menos dos lecturas: la primera disfrutándola, la segunda estudiando la forma en la que está construido. Todo buen escritor empieza por ser un gran lector. Porque acabas de descubrir que quizá no todos entraremos en la historia de la literatura, pero todos tenemos algo que decir y tú también.

Aristóteles sitúa la imitación el origen de la poesía y de todos los géneros literarios. Los recursos esenciales para la imitación y la ejecución son el ritmo y la armonía, connaturales al hombre.

Las principales imitaciones son la epopeya, la poesía trágica, la comedia, la poesía ditirámbica, la aulódica y la citiródica.
La voz es como una música y cada escritor debe encontrar la suya a través de kilómetros y Kilómetros de palabras leída y palabras escritas. El punto de vista del narrador puede ser estudiado con objetividad. La variedad de punto de vista puede enriquecer la historia pero corre el riesgo de marearnos y hacernos perder a verosimilitud.

La teoría del correlato de objetivo de T. S. Eliot explica bastante bien la esencia del arte de escribir. Todos los grandes escritores y muchos de los malos escritores han usado el correlato objetivo como medio de trasvasar la emoción al lenguaje. Ese trasvase de la emoción a la palabra es lo que llamamos literatura.
La trama de una historia es la línea de tiempo  que sigue esa misma. Se compone de cinco diferentes partes que listadas de manera cronológica son: los antecedentes, los incidentes (las complicaciones), el desarrollo de la acción, el clímax (la culminación) y el término de la acción cada una de ellas se explica a continuación.

Es fácil confundir la trama y la acción. La acción es una parte de la trama; el orden de la acción, desde un punto de vista clásico, se divide en tres partes:
Planteamiento; es la presentación de los personajes y el establecimiento de la acción, nudo; se desarrolla el conflicto en el que se verán inmersos los personajes y desenlace; es la resolución del conflicto y el final de los sucesos que se han planteado.

Si quieres ser escritor debes ser capaz de  describir lo indescriptible. La descripción comienza en la cabeza del escritor pero debería terminar en la imaginación del lector, un buen punto de partida es visualizar lo que vas a describir. Las metáforas y los símiles son uno de los grandes placeres del lenguaje tanto para el escritor como para el lector. Se podrían agregar el diálogo que es la mejor manera de caracterizar a los personajes, también es una de las artes más difíciles de la narración, los diálogos son el momento de la ficción en que el artificio debe emplearse para imitar la realidad.

En casos normales un relato puede partir de una situación o de un personaje; las grandes historias nacen de los grandes personajes, pero ¿cómo encontrarlos?, ¿cómo crearlos?. El autor debe saberlo todo del personaje y debe ser lo suficientemente sabio para no contarlo todo.
Comienza con un relato esquemático del personaje pero dale carne y sangre con los detalles de su pasado, las influencias de su niñez, la educación satisfactoria o insatisfactoria, los abusos que sufrió de niño. Cuanta mayor comprensión tengas de tu personaje, mayor simpatía generará.

Los dossiers o fichas pueden ayudarnos a la caracterización de los personajes, a su retrato y a crear situaciones que nacerán de la naturaleza de cada personaje.
El mero hecho de escribir todos estos detalles será un estimulo para ponernos a escribir y aumentará nuestro conocimiento de los personajes. Debemos estar al corriente de la educación y el pasado del personaje principal, además tiene un conocimiento similar de sus amigos y parientes aunque no lleguen a participar de la historia. En los libros no existen limitaciones en el tiempo o en el espacio. Los libros pueden abarcar periodos tan cortos como mil años o tan lagos como un segundo.

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